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martes, 12 de diciembre de 2017

Mi odisea a la Música Colonial



Hace algo así como un mes, me entrevistó Sandra de la Fuente, para Revista Ñ. Yo estaba en Sevilla, terminando una gira, e hicimos la nota por teléfono, fue una llamada larguísima, intensa y súper divertida.

Finalmente se publicó la nota, hace un par de semanas, y hoy subo al blog, a continuación, algunos fragmentos que elegí porque me resultan significativos. Los copio a continuación, y a los que quieran leer la nota completa, los invito a hacer click aquí, para acceder a todo el texto.

Aquí mis fragmentos seleccionados:

En Mendoza, donde nací y estudié, me dijeron que la música antigua no existía, que era protomúsica. Me vine a Buenos Aires a estudiar pero no había una escuela de música antigua, pero lo que sí sucedió es que el conservatorio me dio la carrera de flauta dulce, que estaba buenísima. También en el conservatorio conocí a Gabriel Pérsico, un tipo que me abrió mucho la cabeza en términos de música barroca. Él y Clara Cortazar estaban a cargo del Centro de Música Antigua de la UCA. En los años 90 –tiempos de Menemato-- vinieron muchísimos artistas europeos y dieron sus cursos allí. Yo no tenía un peso, la UCA me becó a cambio de servicios mínimos de difusión porque yo ya trabajaba en radio, en la vieja FM Clásica, la 97.5, antes de que se fusionara con la Nacional. Trabajaba también en la Revista Clásica. Esos cursos me llevaron a otros. Mi formación fue alternativa.

(...)

Creía que tenía que inventar mi musicología personal porque el mundo que me rodeaba, en Mendoza, era y es un desierto. Viajé, busqué cartas, me puse a estudiar el estilo de vida en las Misiones, la liturgia, las pinturas, toda la iconografía. Con eso armé un panorama americano. También me fui a Bolivia y a Perú. Viajé con la mentalidad del viajero del siglo XIX, con cuadernos y papeles para dibujar y pintar. También tenía cámara de fotos pero como los rollos y el revelado eran carísimos, dibujaba y pintaba muchísimo, anotaba cosas de la arquitectura. Tengo muchísimos cuadernos. Relevé todas las iglesias del mundo andino, desde Bariloche hasta Panamá. Recorrí en micro toda América del Sur.

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El primero de sus libros, Guía para disfrutar más de la música antigua, es una hermosa miniatura cargada de ilustraciones y códigos QR para leer y escuchar en cualquier parte. El segundo, una Guía de música colonial, tiene una estructura más formal pero no dejan de contagiar la alegría de sus descubrimientos sobre el tema que lo apasiona: la música antigua.

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Me encanta no tener que lidiar con negociaciones editoriales. La desventaja es que estoy solo, que no hay red, y a veces no hay dinero. Pero la gran ventaja es que puedo hacer mi capricho. Hago el libro que quiero, no negocio con un editor que me dice que sería importante incluir tal o cual cosa que a mí no me interesa incluir. Es mi libro y escribo lo que quiero. Pasa lo mismo con los conciertos. Estos libros no son académicos. Son libros objeto con grabados, para ir y venir. Una señora me dijo que era un libro para acariciar. Me gusta que sea chico, que pueda ir en la cartera para leer en el subte o cuando esperás al dentista.


lunes, 24 de julio de 2017

Mi libro de música colonial, reseñado en la Revista del Teatro Colón



El escritor y periodista Daniel Varacalli Costas escribió una nueva Reseña de mi Libro Música Colonia Hispanoamericana en el número 128 de la Revista Teatro Colón (el último que salió).

Con mucha felicidad, y con gran orgullo comparto a continuación el texto completo, que también pueden ver on line haciendo clickaquí (tengan en cuenta que la reseña aparece en la página 102 de la revista). Respeto mucho a Varacalli Costas, y sus palabras hacia mi trabajo me honran mucho!

Música Colonial Hispanoamericana
Libro de Ramiro Albino

El músico Ramiro Albino es uno de los más destacados especialistas en la música barroca de América latina. Ya sea al frente de Capilla del Sol –el ensamble del Museo Isaac Fernández Blanco–, en dúo con Griselda López Zalba o como solista de flauta o arpa, Albino es un conspicuo hacedor de esta música que está redescubriéndose todo el tiempo, para nuestro asombro y deleite. Al mismo tiempo, el artista mendocino –ineludible colaborador tanto de esta Revista como de los programas del Teatro Colón cuando de barroco se trata– ha sido desde siempre un activo divulgador de la música en el sentido más amplio, desde su etapa radial hasta la presente, en la que lo encontramos decididamente volcado a la escritura.

Su segundo libro, el que aquí se comenta, sigue la senda de originalidad que señaló su opera prima. En primer lugar, se trata de una publicación financiada a través del sistema hoy conocido como crowdfunding, sostenido por pequeños aportes de aquellos interesados en que este tipo de obras se realicen a demanda. En segundo lugar, la manera dinámica y anticonvencional en que el libro está escrito lo vuelve doblemente didáctico: no es sólo su estilo llano y claro el que invita a conocer más del tema abordado, sino también la interacción con la tecnología más simple disponible, a la cual el libro tradicional sigue estando cerrado. Cito como ejemplo la remisión que el autor realiza a un blog de su autoría en relación con el listado de “maestros de capilla” americanos, invitando a los lectores a aportar información y datos de manera permanente. Otro rasgo de interés es la manera en que están glosadas las citas: no a la manera académica, con notas al pie, sino a través de una permanente alternancia del texto propio con el ajeno que ayuda a construir un saber abierto, no centrado en la omnisciencia del autor. Finalmente, cabe destacar los distintos circuitos de lectura que Albino propone según el interés específico de lector. No encontramos esta vez, como en el libro anterior, otra de las innovaciones albinescas: el código QR, para poder ampliar la información o escuchar la música a la que se refieren las palabras. Sí encontramos el cuidado por el diseño (otra de las destrezas de nuestro autor), comenzando por los títulos de los capítulos, que utilizan una tipografía de valor histórico.

Y ahora al contenido. Música colonial latinoamericana abre con una interesante reflexión sobre su propio objeto de estudio, esa música elusiva hasta en su propia denominación. Planteada la cuestión, y debidamente delimitada (dada la amplitud del fenómeno “americano” en toda su extensión), el autor recorre los hitos principales de este derrotero artístico: el paso de la Edad Media al renacimiento (siempre estudiado de espaldas a lo americano) y la conquista española que desembocó, en el plano musical, en uno de los productos más originales y poco conocidos del acervo cultural de Occidente. La flexibilidad de los ensambles instrumentales y corales con que este repertorio cobraba vida –en marcado contraste con la rigidez de los moldes académicos–, la creación de las “capillas musicales”, la aparición de los villancicos religiosos hispanoamericanos, a caballo del renacimiento y la Ilustración, en coincidencia con el barroco europeo; el desembarco de la ópera con cien años de atraso (a comienzos del siglo XVIII), el pasaje del estilo español a las tendencias italianizantes, el apogeo de las reducciones jesuíticas hasta la traumática expulsión de la Orden en 1768 son los temas que Albino trata con generosidad hasta culminar en el umbral de la música de los pueblos que en pocos años cortarían sus amarras con la metrópolis española.

Hay mucho para aprender en esta obra que, además de permitir vislumbrar aportes futuros, deja en el lector muchas ganas de convertirse en oyente, con lo que la obra y su autor habrán sin duda cumplido su objetivo.


miércoles, 13 de julio de 2016

Maestros de capilla de Hispanoamérica


Antes de ponerme a escribir el libro que estoy terminando sobre Música Colonial Hispanoamericana leí muchísimas cosas, buscando en sitios muy diversos: libros que hacen recortes puntuales del repertorio, artículos de revistas científicas, notas de divulgación, folletos de discos, blogs y páginas web, etc. En todos esos lugares aparecían datos de diferentes Maestros de Capilla (compositores y directores de música) que se desempeñaron en diferentes ciudades del continente.

Gota a gota, y con paciencia, los fui recolectando y ordenando cronológicamente y por países y ciudades (según la geografía actual), y finalmente los subí a un blog que creo que puede ser útil a intérpretes, investigadores, historiadores o docentes. Es un granito más en la inmensa construcción colectiva del conocimiento. El trabajo no está terminado: en la lista de algunas ciudades hay vacíos importantes, de otras no tengo ningún dato, en algunos casos las fuentes se contradicen…. Todo está ahí, abierto a la curiosidad y las ganas de colaborar de quien quiera: los posts se pueden comentar, brindando datos o corrigiendo cosas.

Si quieren verlo, clickeen aquí. Bienvenidos!!!!

viernes, 1 de julio de 2016

El Barroco y los sentidos...



Estoy escribiendo un libro sobre música colonial americana (que espero terminar en un mes), y eso me lleva a lecturas, reflexiones e ideas que permanentemente van y vienen desde el diálogo con colegas, la elucubración sobre artículos leídos o la sorpresa de encontrar, donde menos lo creo, inspiración o argumentos.

Y encuentro tantas cosas con peso conceptual, y a la vez tan bien escritas, que decidí comenzar hoy una serie de citas de lo que leo, porque me gustan, porque ayudan a pensar, y porque sé que hay quienes disfrutarán de conocer nuevos autores.

Comienzo hoy con un fragmento del artículo “La lumbre de la zarza, un arte entre ascética y mística”, de Alfonso Alfaro, en el que en pocas (y hermosas) palabras se refiere al mundo del barroco. Que lo disfruten!

"Entre los siglos XVI y XVIII floreció, por primera vez en la historia, un sistema de signos que apelaba a cada uno de los sentidos y que era capaz de entrar en contacto con todas las civilizaciones. Paradójicamente, fue también el último de los lenguajes occidentales que logró ser verdaderamente transversal: sus voces polisémicas eran accesibles al mismo tiempo a los diversos estratos de una sociedad, podían ser escuchadas por los sabios y los sencillos, los señores y los esclavos, los habitantes de las metrópolis y los indígenas de los más alejados puestos de misión.

Su vertiginoso refinamiento conceptual tenía como contrapartida una exuberante intensidad emotiva: apelaba simultáneamente a la razón analítica y a la emoción visceral. Estimulaba los goces de los sentidos, pero hacía continua referencia a la necesidad de dominarlos, y alentaba a utilizarlos como instrumentos de evocación, como peldaños para experiencias mucho más altas.

Sus formas prolijas, que intentaban representar todas las realidades perceptibles e imaginables, asumir todos los elementos del universo, eran sólo un vehículo para pasar de lo visible a lo invisible, de las criaturas al creador…"

Alfonso Alfaro
La lumbre de la zarza, un arte entre ascética y mística
Artes de México Nro. 70 (2004), pág 63




miércoles, 9 de diciembre de 2015

Escuchando discos de música del Barroco Americano



el conjunto inglés Florilegium, que grabó música colonial varias veces, en Bolivia.

Hace veinte años yo era estudiante y me comenzó a interesar la música del Barroco Americano. Intenté preguntar en mi facultad y buscar bibliografía, pero no encontré casi nada (en parte porque había poco, pero además porque no sabía por dónde empezar).

Sin embargo, hubo otros interesados en el tema (seguramente movidos por la conmemoración del 5to Centenario de la conquista de América), que habían grabado algunas cosas, y de a poco pude conseguir sus discos. Durante mucho tiempo me “formé” en el tema leyendo los booklets de los CDs y escuchando de la manera más analítica posible. Aprendí mucho, aunque de manera muy desordenada, y más tarde conseguí bibliografía, tomé clases, viajé por todo el continente y comencé un largo proceso de orden de ideas que todavía no concluye. Aún así, seguí comprando discos de ese repertorio, porque me ayudan a conocer autores y archivos, porque me muestran cómo va variando la estética de la interpretación de esa música, y porque siempre hay cosas nuevas para descubrir.

Durante los últimos días, aprovechando que ya no tengo conciertos hasta fin de año, y pensando en un libro sobre el Barroco Americano que quiero escribir durante el verano, me puse a escuchar con atención los últimos discos que compré o traje de algún viaje, esos que tenía aún cubiertos con celofán, o que había escuchado sin mucho detenimiento apenas los conseguí,. Varias cosas me llamaron la atención:

1 – Es increíble la cantidad de errores en los textos cantados. Eso me resultó lo más increíble: hay cantantes que modifican las letras de los villancicos y motetes (cambiando incluso el sentido de los mismos), y parece que nadie se dio cuenta durante la grabación o edición. Es increíble esa falta de respeto al texto literario, sobre todo en un repertorio donde abundan los villancicos, género por excelencia de la “poesía cantada”.

2 – Hay una gran cantidad de discos aburridísimos. Creo que muchos registros discográficos de repertorio americano no están planteados desde una actitud artística sino más bien científica, o pseudo-científica. Se graba cualquier cosa y en cualquier orden, archivos completos descontextualizados (quizás para alardear de que son “primera grabación mundial”), series interminables de piezas cortas e inconexas. ¿Por qué califico a esto de “científico”?, porque quizás en un simposio de investigadores académicos o especialistas se disfrute de conocer cierto repertorio, a modo de ejemplificación de una ponencia teórica, pero si uno pone el disco en su casa o en su auto mientras hace un viaje largo, se hace difícil encontrar el deleite.

3 – Buena parte de los discos parecen responder al placer o los caprichos de directores o musicólgos, pero se nota que no fueron pensados para satisfacer la necesidad del público de disfrutar, o relajarse escuchando. Esto se relaciona con lo aburrido de esos discos, que quizás serían un material ideal para dar clase en la universidad, pero no para escuchar desde un sillón.

En síntesis: el repertorio y su praxis han crecido de manera notable en los últimos años (eso hay que celebrarlo!), pero en algunos aspectos queda mucho por crecer. Los discos (y los conciertos!) deberían plantearse de otra manera y con otros cuidados, si es que se sigue grabando discos, porque creo que el CD va muriendo poco a poco, aunque de eso aún no estoy seguro.


De todas maneras: Gracias a los discos que me (nos) han dado tanto!

sábado, 19 de septiembre de 2015

Reseña de mi libro en la Revista del Teatro Colón

Publiqué mi libro de música antigua! Tras años de trabajo en el proyecto, finalmente conseguí los fondos y el libro es una realidad. De a poco aparecen reseñas y menciones en diferentes medios. Comparto a continuación la que escribió el periodista Daniel Varacalli Costas para la Revista Teatro Colón.




Entre las múltiples actividades que ejerce con análogo talento, Ramiro Albino se ha venido dedicando con intensidad a la música antigua, tanto en calidad de intérprete (flauta, arpa), como de director, (al frente de Capilla del Sol, el conjunto del Museo Isaac Fernández Blanco, especializado en música colonial latinoamericana) y difusor (a través de artículos o de su largo ciclo radial “Ventana a la Música Antigua”). Esa riqueza – además de músico Albino es diseñador gráfico y ejerce el periodismo musical – le permite abordar un tema desde diversos ángulos, sin encerrarse en ninguna de sus facetas. Uno de los resultados de este abordaje múltiple – ideal para épocas en las que se privilegia lo multidisciplinario – es esta Guía para disfrutar más de la música antigua, escrita, diseñada y producida por el autor de manera independiente. Lo de “más” en el título obedece al contraste que el autor encuentra entre el disfrute que el público de sus conciertos manifiesta, y la todavía escasa cantidad de personas que se acerca a la música antigua o profundiza mínimamente en ella. Consciente de que la apreciación del arte no puede quedarse en lo sensorial, sino que se acrecienta con el conocimiento de los contextos –ese momento intelectual que sucede al emocional, al decir de Romero Brest-. Albino plasmó en este opúsculo ágil y original toda su experiencia y su fervor en la materia.

Esta guía es una entusiasta introducción al mundo de la música anterior al barroco, esa que parece haber quedado al margen del engañoso –y desmesurado- concepto de “Música clásica”. Todos los problemas fundamentales que plantea la ejecución de esta música aparecen comenzando por la paradoja del “historicismo” o de la “interpretación auténtica”, que se esfuerza por encontrar los instrumentos, las técnicas de ejecución y los recintos “originales” (o lo más parecidos posibles a los originales) para toparse finalmente con que su oyente es el hombre actual, no ya aquel para el que esta música fue pensada. En el marco de esta tensión florece buena parte del placer que depara la música antigua –y por qué no, las posteriores-, y con sencillez y dinamismo, Albino logra mostrar cómo salvar esa distancia. Entre otros de los temas favoritos del autor, se encuentra el de la sinestesia, el cruce del oír y el ver, otra fuente de placeres adicionales.

La guía se complementa con recomendaciones discográficas, sugerentes ilustraciones y códigos QR para bajar grabaciones, logrando una obra realmente interactiva. Así se acerca el autor a su finalidad de “hacer música antigua con nuestras mentes actuales”.

Daniel Varacalli Costas
Revista Teatro Colón Nro. 119, página 94
(si la querés ver on line, hacé click aquí)

Si quieren saber cómo y dónde comprar mi libro, por favor escríbanme a mi casilla ramiroalbino@hotmail.com (gracias!)

martes, 29 de junio de 2010

hay rumores nuevos en la biblioteca


Hace tiempo que estoy trabajando en un libro, una guía de audición de la música antigua, atendiendo a ciertos temas que me parecen fundamentales para la comprensión del género: la relación de la música con el entorno visual del momento en que fue escrita, la exigencia de usar instrumentos y técnicas de época, la necesidad (o no) de recurrir a partituras facsimilares, etc.

Es un proyecto muy querido, que me está llevando un buen tiempo, pero que también me ofrece grandes satisfacciones, al permitirme reflexionar sobre temas que me resultan cotidianos y que día a día voy redescubriendo y puliendo, destapando nuevas aristas que por años me habían pasado desapercibidas.

Junto a la cantidad de páginas escritas crece la ansiedad por dar a conocer el trabajo (¡mis amigos me escuchan hablar del tema todo el tiempo!), por lo que hoy transcribo aquí un par de párrafos de uno de los capítulos iniciales, que habla sobre lo moderno de escuchar música antigua. Aquí se los dejo. Bienvenidos sus comentarios, sugerencias e ideas..

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La música antigua ya forma parte de nuestro entorno musical, de los que dedicamos nuestra vida a entenderla, descifrarla y comunicarla, de aquellos que la disfrutan desde abajo del escenario, e incluso de los que no le encuentran sentido.

El gran inconveniente es que podemos intentar reconstruír en gran parte al intérprete de época, pero no al público de época. Podríamos elegir, de ahora en más, escuchar solamente obras de los siglos X al XVIII, pero nuestra experiencia auditiva pasó alguna vez por los románticos, los posrománticos, las vanguardias de todo tipo, jazz, folklore, rock and roll, cumbia, la ridículamente llamada músicamelódica (¡como si la mayoría de los estilos musicales no tuvieran melodía!) y hasta los cantos de las hinchadas de las canchas de fútbol. Pero además tenemos otros tiempos, otras lecturas, otras imágenes en mente, y sobre todo, otra manera de vivir la sociedad, que también es distinta. A veces quisiéramos un mundo sonoro a la antigua, pero sin perder por ello ninguna prerrogativa de la actualidad. Tenemos entonces que hacer vivir el arte de otra época pero haciéndolo coexistir con las nececidades, usos y gustos de la nuestra. Surgen entonces atractivos géneros híbridos, propios de nuestro tiempo: recitales de danzas antiguas con coreografías contemporáneas, fusión de estilos preclásicos con manifestaciones de otras extracciones, atractivos videoclips de música antigua (donde el sonido intenta respetar las normas interpretativas del pasado en combinación con los códigos visuales de avanzada); y por supuesto, nuevos emplazamientos de la escucha: conciertos barrocos en la ruta a través del equipo de audio de un automóvil, canto gregoriano en la ciudad, saliendo de auriculares alimentados por un reproductor personal portátil propiedad de un corredor de bolsa, Vivaldi en la sala de espera del dentista o un aria de ópera de principios del XVIII a todo volumen como parte de la banda sonora de una película.

Es que nos atrae tanto este tipo de música, justamente, porque somos dignos hijos de nuestro tiempo.

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